Los beneficios de correr sobre la densidad ósea
El metabolismo óseo es uno de los grandes beneficiados de la práctica regular de ejercicio, ya que permite mantener la densidad ósea en niveles óptimos y, como consecuencia, prevenir la osteoporosis, una enfermedad a la que predisponen el envejecimiento y el sedentarismo y que la suplementación de calcio por sí sola no puede evitar. El ejercicio, incluso, mejora la calidad ósea en personas que ya han comenzado a desarrollar esta patología característica de las personas mayores.

El esqueleto es el armazón que sostiene toda la estructura y el peso corporal por lo que todo deporte que, como correr, implique que los huesos se vean obligados a soportar un aumento de peso sobre ellos y el incremento de la tensión generada por los músculos al realizar los movimientos sea idóneo para fortalecerlos. Cuanto más tonificados y fuertes estén los músculos, más se contraerán con la práctica del ejercicio y crearán una serie de fuerzas que mejoran el riego sanguíneo y consecuentemente también el metabolismo óseo.

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Pero todos los deportes o tipos de ejercicio tienen el mismo efecto sobre la densidad ósea. Los más adecuados son aquéllos que suponen un aumento puntual de la carga que soportan, es decir los deportes de impacto y no los de bajo impacto como el yoga o el Tai-Chi que, aunque aportan otros beneficios no fortalecen especialmente los huesos. Éstos deben ser sometidos a presión torsión y movimientos en los tengan que participar activamente.
No es necesario que el ejercicio sea de alta intensidad, pero sí que implique una elevada y rápida variación de movimientos y cambios de dirección para que la tensión muscular actúe sobre él. Desde esta perspectiva, caminar, trotar, correr, bailar y otros deportes aeróbicos son muy adecuados, si bien se puede complementar con ejercicios suaves y controlados realizados con pesas.
¿Cuánto tiempo hay que dedicar a este tipo de ejercicio para mantener o mejorar la densidad ósea? Serán suficientes 15-20 minutos diarios o 30-40 tres veces por semana. Pero lo más importante es la constancia, pues los beneficios del ejercicio sobre los huesos no son inmediatos, sino que tardan unos ocho meses en empezar a notarse.
Pero antes de ponerse a ello es importante buscar el consejo del médico y, si se trata de personas mayores, comprobar la salud de los huesos mediante una densitometría ósea ya que si ya hay osteoporosis el ejercicio debe adecuarse a esta situación para evitar problemas mayores, como eventuales fracturas.
Ya se ha dicho que correr, caminar a buen paso o bailar son ejercicios que ayudan a mejorar el metabolismo óseo, pero también es necesario que la alimentación aporte los nutrientes necesarios para mantener la mineralización del hueso, como es el caso del calcio y la vitamina D que es necesaria para que el hueso pueda metabolizarlo.


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